Por. Natalia Salinas Coach Holística Integradora

Estaba sentada en el regazo de su madre, con sus trenzas doradas y su sonrisa tímida, sus pequeñas alas eran apretadas por los brazos miedosos de aquella mujer que le dio permiso de nacer y le contagió el miedo a volar.

Ella veía otros niños jugar, y su madre entre besos le convencía de quedarse en sus brazos… “Te vas a lastimar si juegas con esos niños” “Son más fuertes que tú” “Eres pequeña” y entre tanto decreto se le replegaron las alitas…

En esa cárcel inconsciente donde primaba la necesidad de proteger para evitar el sufrimiento, con la mayor intención de amor y desconocimiento, se fueron forjando sus miedos a la vida, sus inseguridades e incapacidades.

Hoy, mirando la foto de aquel cumpleaños, se dio cuenta, que ese recuerdo no vino por esa imagen, sino que estaba vivo en su interior, custodiado como un tesoro por una niña de trenzas doradas y sonrisa tímida que ella nunca quiso abrazar y eligió silenciar para no enfrentarse a su dolor.

Tu niñ@ interior es tu parte inocente, aquella que vive en tu subconsciente, cargando con la información que tu infancia absorbió como una esponja. Es el arquetipo de tu esencia primaria en esta vida, es la memoria con la que hoy tu adulto alimenta tu cuerpo de dolor, la percepción de la inocencia que se dejó alimentar por un entorno del que le tocó aprender.

Lo que ignoramos muchas veces es que nuestro niño físico crece y se convierte en el adulto que somos, más nuestro niño interior, se queda en el estado de inocencia, carencia, demanda o incertidumbre con el que le dejaron, esperando que nosotros terminemos su crianza psíquica y emocional. El niño interior aguarda que asumamos una paternidad/maternidad consciente con nosotros mismos y aprendamos a sentirnos completos desde el trabajo con el reconocimiento de esa parte inocente.


Para mantener una salud física, mental y emocional, es importante que escuchemos a esta parte de nosotros mismos, que la cuidemos y limpiemos de sus heridas, que nos hagamos responsables de su sentir y que aceptemos las oportunidades que nos propone para sanar, oportunidades que quizás hasta hoy no hayamos sido conscientes que hemos tenido a través de las relaciones con el mundo.

Nos relacionamos a través de nuestro Niño Interior, y tengamos la edad que tengamos, estará ese niño reclamando todo aquello que sienta que no ha tenido en su tierna infancia o bien que haya estado acostumbrado a recibir, y esto puede ir desde el reconocimiento, cariño, atención, protección, seguridad, etc. De nosotros como adultos depende asumir su sanación y atención a través del reconocimiento de su dolor y posterior perdón de nosotros y de aquellos que nos hicieron daño por acción u omisión.

Conectarte con tu niñ@ es potenciar tu poder, aceptar tu esencia y alinearte con tu propósito. Los padres y madres que cuidan y escuchan su niñ@ interior, favorecen mejores relaciones con sus hijos, ya que no reflejan en ellos situaciones inconclusas de su propio niño, aprenden a diferenciar el rol que ocupan y lo hacen con amor y responsabilidad construyendo una crianza consciente, positiva y respetuosa.

Y de lo anterior se desprende una cuestión muy importante, “el perdón”, ya que, la cadena se va manifestando de manera tal que somos víctimas de víctimas, lo que significa que aquellos que nos hicieron daño, también fueron víctimas de otros, aprendiendo a hacerlo de esa manera distorsionada. Para que la cadena se corte, primero, debemos elegir perdonar a aquellos que desde aquel nivel de consciencia administraron dolor a nuestra vida, y hoy desde una actitud responsable y amorosa hacia nuestro niño, dejar de sufrir, perdonarnos también a nosotros por no haberlo hecho mejor y hoy festejando este nuevo nivel de consciencia, abrazar esa parte inocente, adoptando el rol de Padre y Madre de nuestro niño, dándole desde este rol amoroso e integrativo, aquello que otros desde la ignorancia nos negaron.

Cabe asumir que el mundo está lleno de niños heridos disfrazados de adultos que esperan de otros reconocimiento, atención, y cariño, y esto les esclaviza emocionalmente, consiguiendo que se relacionen desde el apego, la posesión, la necesidad de aprobación, hasta llegar a extremos incluso de maltrato y opresión a otras personas.

Estén esos niños heridos enmascarados en el nivel que estén, siempre será su administrador el Ego, y no la consciencia, y siempre que el niño Interior tenga que ser protegido por el Ego, las consecuencias serán defenderse de otros, sentirse inferior, o por el contrario, atacar, compararse, demandar excesivamente y hasta agredir, o permitir la agresión.

Para salir de ese bucle, tiene que tomar las riendas la consciencia, expresándose en el amor que abraza esa parte inocente y la reconoce para integrarla al adulto.

¿Cómo te darás cuenta que tu niño Interior esta sanando?

Ocurrirá que te verás con otros ojos, con los ojos del alma, habrá un nivel de aprobación interior que se centrará en aquello que deseas mejorar y no en lo negativo, te permitirás divertirte y ser más fluido y enérgico con la vida, dejando de lado la vergüenza y el “Que dirán” para pasar a ser eco de tu verdadera esencia. Demandarás menos atención y cariño de otros y comenzaras a darte tú mismo aquello que te negaste durante tanto tiempo y por resonancia atraerás personas amables y maravillosas que te harán de espejo de aquello que estás viendo en ti. Te enfrentarás a los conflictos con poder y determinación y aprenderás de las oportunidades de la vida. Sentirás que cada día es un lienzo en blanco donde tu niño se expresa con luz y color.


¿Cómo podemos comenzar este hermoso trabajo?

Te propongo un ejercicio sanador, el primer paso con el que invito a mucha gente a cambiar el rol con su niño y a sanar esta relación tan importante. “La Carta a mi niño Interior”

Escríbele una Carta a tu Niña de 12 años si eres mujer y a tu Niño de 13 años si eres un Hombre, cuéntale desde tu presente como te encuentras y lo mucho que has aprendido de las situaciones de la vida, aprovecha para contarle tus logros, sean grandes o pequeños, son hechos que te han supuesto un esfuerzo y son dignos de festejar. Dile lo mucho que le amas y lo dispuesto que estás a escuchar y atender con amor sus carencias. Puedes también pedirle perdón por todo aquello que tu niño soñó hacer y por alguna razón no has concretado, o por el contrario, cuéntale a dónde has llegado con sus sueños. Conversa sobre ti, sobre tus proyectos, compártelos con el/ella y pídele que te inspire, recuerda que de tu niño proviene tu capacidad de crear y motivarte. Dile que ha sido un niño muy fuerte y muy bueno y que le agradeces todo lo que ha tenido que pasar o dejar de hacer para que tú estés aquí.

Una vez tengas expresada tu carta desde una estructura de amor e integración con tu niño, busca un momento del día tranquilo, un lugar sereno y armonioso, haz tu propio espacio especial, y con tu carta en mano, cierra los ojos relájate y respira profundo unas cuantas veces hasta conseguir conectar con una frecuencia relajante, transpórtate en tu mente a aquella habitación donde dormía tu niño en aquella época, entra con sigilo y respeto y deja la carta debajo de su almohada, puedes quedarte un rato en su compañía, abrazarle y acariciarle, decirle si deseas lo que le has escrito y como le amas. Puedes hacerle una promesa de atención y protección, decirle que ya no necesita que otros le protejan, que tú lo harás a partir de ahora.

Luego puedes regresar al presente, tómate un momento de tranquilidad para asimilar todo y agradece la oportunidad que te has brindado.

Con la carta puedes hacer varias cosas, guardarla en un lugar especial, decorarla, hacer un ritual quemándola o tirándola al mar, rio, etc, romperla en pedacitos dejar que el viento la lleve…Tú decides la forma que más conecte contigo y tu niño.

Deseo que tengas una hermosa reconciliación con esa parte interior inocente y llena de amor.

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