Por. Esteban Macotela Camelo / Coach Humanista con experiencia en facilitación de aprendizaje; Fundador de Emociones & Movimiento.

En días pasados tuve la oportunidad de platicar con una gran mujer con la que hace algunos meses coincidí en un proyecto laboral, a quien dicho sea de paso, considero una gran amiga. En dicha charla comentábamos sobre mi artículo de la edición anterior: “3 Tips para ser feliz en tu actividad laboral” (si no lo has leído estas a tiempo de hacerlo), me dice: “Entiendo que la felicidad es una actitud, sin embargo, hay situaciones en mi actividad laboral que son “soportables”, y mi concepto de felicidad no está relacionado en vivir con lo soportable”. Me quede meditabundo después de esta conversación, pensando en todo lo que tenemos/debemos soportar al realizar nuestra actividad día con día. Y, ¿debe ser así?, ¿debo resignarme, conformarme, aguantarme? En todos los aspectos de la vida hay situaciones que salen de nuestro control, es más notorio al realizar nuestra actividad laboral, ya que, es a ésta a la que dedicamos más horas al día, pero entonces “tengo que” soportar tal cual o ¿Qué situación realmente estoy obligado?


Buenas preguntas se generaron, la respuesta para todas es NO, no debe ser así, no estás obligado a hacer nada que no desees; ni en casa, ni con tu pareja, mucho menos en el área laboral, poseemos la libertad de hacer y de elegir qué hacer. Desde pequeños se nos enseña que no podemos tener todo lo que deseamos, que hay cosas o situaciones que simplemente son y no cambiaran. Estamos condicionados a soportar a un mal jefe, a conformarnos con un salario, a aguantar comentarios de los compañeros, inclusive (en mi opinión gracias a la religión) tomamos un papel de víctima tal, que nos sacrificamos por el bienestar de la familia, por lo que, aguanto, soporto y me conformo con la esperanza que un día mi sufrimiento sea reconocido y me canonicen santo. Lo más irónico es que al paso del tiempo ni la labor es reconocida y mucho menos el sufrimiento.


Entonces, gracias a las creencias antes mencionadas nos resulta normal “soportar” tal o cual situación; es cotidiano, no nos alarma, ya que, aprendemos a vivir con ello. He aquí lo importante desde mi punto de vista: no porque aprendo a vivir conformándome, soportando y sacrificando mi felicidad, quiere decir que está bien o que es una situación natural. Elimina estas palabras de tu vocabulario: “debo”, “tengo”, sustitúyelas mejor por: “deseo que”, “elijo a”; esto va a cambiar todo el enfoque, así como la manera de percibir las situaciones, por ejemplo en vez de decir “tengo que obedecer a mi jefe”, lo cambias por: “elijo obedecer a mi jefe”, ¿qué cambia? Todo, ya que, al cambiar las palabras asumimos un estado proactivo, responsable; dejo de poner el balón en la cancha de mi jefe, ponerlo en mi cancha me da control y seguridad.


Debemos darnos cuenta de que nuestras elecciones nos han traído a vivir como vivimos hoy, es decir, todas las decisiones que he tomado a lo largo de mi vida, me han traído al lugar donde me encuentro hoy; nadie me ha obligado a aceptar un empleo que no me gusta, así lo elegí. Cuando asumo esa responsabilidad, retomo el control y puedo hacer algo al respecto, ya sea tomar la decisión de cambiar de empleo o elegir aceptar la situación.


Aceptar lo que ocurre dentro de mi mundo me hace responsable de mis acciones, esto me permite saber que “sí hay de otra”, ya que, alternativas siempre habrá; quizá sea más difícil, o no me guste cambiar, pero eso no quiere decir que no hay alternativa. Nuestro regalo divino es el libre albedrío, tener la capacidad de elegir lo que deseo para mí como individuo, como miembro de esta sociedad, lo que haré con el tiempo que me corresponde vivir.


¿Cuál es la diferencia entre aceptar y conformarse?


Aceptar es asumir responsablemente que mis decisiones tienen consecuencias, las acepto y me hago cargo. Conformarse tiene que ver con estar obligado a hacer, decir o pensar en lo que no quiero, sacrificar mi integridad por sobrevivir y limitar mi felicidad.


Aceptar está relacionado con el perdón; al asumir que tomé una decisión equivocada veo con claridad el error y puedo aprender de él, lo corrijo y sigo adelante sin culpa ni resentimiento. Conformarse no me permite ver más allá de mi ego, permanezco reciclando mentalmente lo que no me gusta, solo veo negro sin permitirme salir a la luz.


Particularmente tengo la creencia de que estamos en esta vida para ser felices, el tiempo pasa de prisa y no perdona. Mereces disfrutar plenamente de tu estancia en este mundo, sin obligarte a nada, eligiendo con responsabilidad cada paso que das. Es válido equivocarse, es lo que nos da el aprendizaje necesario para continuar con nuestro desarrollo de manera dulce y armoniosa. Es la actitud que asumimos ante tal o cual situación lo que hace que sea soportable o que simplemente sea.

“Actúa en libertad, desde la responsabilidad de que tus elecciones definen tu realidad”.

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