Por. Rafael Calbet

Hace pocas semanas escuchamos en las noticias tres suicidios de personas notoriamente famosas: una diseñandora de modas exitosa, un chef de renombre internacional y una joven aristócrata viviendo el sueño de princesas de muchas chicas.

Sucesos como éstos, ampliamente repetidos a lo largo de la historia, nos trasmiten algo que quizás nos negamos a escuchar de forma reiterada. La felicidad no está en la fama, el dinero, el reconocimiento, ni en ninguna otra cosa exterior. No está en lo que poseemos, en el cargo que desempeñamos o en los lujos a los que podemos acceder en el día a día.

La felicidad no está en la fama, el dinero, el reconocimiento, ni en ninguna otra cosa exterior -Rafael Calbet Coach

El bienvivir es una decisión y un proceso personal, y por tanto interior. Requiere lograr vivir de dentro hacia fuera, y no al revés. Gestionando internamente lo que pasa a nuestro alrededor, y no siendo víctimas del impacto emocional de lo que ocurre fuera de nosotros. La vida nos regala buenos y malos momentos; aprender a bienvivir significa aceptar ese hecho simple sobre el cual no tenemos poder alguno;  aprender a gestionar alargando y disfrutando de los buenos,  y transitando, aceptando y acortando los malos momentos.

Eso es lo que depende de nosotros, ese es nuestro poder personal. Y ¡Es un gran poder! Lo más curioso y paradójico es que, al ser un proceso estrictamente personal, al menos sobre el papel, pareciera que es más fácil conseguirlo. Y sin embargo, se convierte en el reto de toda una vida, y en ocasiones como hemos visto al inicio, es algo imposible de lograr.

¿Por qué es tan difícil ser feliz?

Es necesario empezar por recordar algo importante: lo que nos diferencia del resto de los mamiferos, lo que nos convierte en seres “superiores”, es nuestra capacidad de pensar. Por eso los animales transitan sobreviviendo, pero nosotros ansiamos vivir con todo lo que esa palabra conlleva, bienvivir.

Y la paradoja reside en que ese instrumento, el pensamiento, lo que nos hace diferentes, es el mismo que nos permite ser felices, y el que nos produce las más altas cuotas de sufrimiento. Todo depende de la emocionalidad desde la que pensamos, pues las emociones condicionan nuestra forma de pensar.

El pensamiento nos permite liberarnos de cualquier lastre del pasado, o vivir en permanente resentimiento por algo que ya pasó y que resulta imposible cambiar.

Vivir así es renunciar al poder que tenemos. Es vivir como resultado de lo que nos va pasando. Vivir como víctimas, siendo la pelota del partido, no un jugador más que hace lo que mejor sabe hacer, aunque hay días que le sale mejor y otros peor.

Veamos algunas razones que tienden a producir altas dosis de infelicidad en muchas personas, y son causa de gran sufrimiento:

1.- Heridas no resueltas del pasado:

Si es cierto que no podemos cambiar el pasado, y lo es, solo podemos reinterpretarlo. Un hecho ineludible es que la vida, en los primeros años nos genera heridas sin que tengamos armas para gestionarlas. Por eso, cuando aprendemos a bienvivir necesitamos reinterpretar ese pasado para ponerle paz. Y eso va a requerir saber perdonar, porque el perdón es el gran  ciactrizante de las heridas emocionales.

2.- Falta de Aceptación de la realidad:

A la realidad le da igual si nosotros la aceptamos o no, va a seguir siendo la realidad. Entonces, ¿porqué nos empeñamos en vivir entre el “hubiera” y el “debería” cuando ambos son mundo ficticios? Aceptar la realidad cuando es dura e incómoda puede parecer difícil, pero es precisamente negarla, lo que hace que en la práctica sea mucho más difícil digerirla, transitarla y superarla. Gestionar la realidad no es pretender moldearla a mi gusto.

3.- Percibir el logro como medida del éxito:

Tener sueños es fundamental para ponerse en acción buscando cumplirlos, pero vivir pretendiendo que nuestra felicidad dependa de nuestros logros, nos hace perdernos en el camino, percibir como fracasos lo que no logramos, y por tanto vivir más en la frustración y el sufrimiento. Muchos de los que sí logran todos sus sueños se dan cuenta, como nuestros ejemplos del principio, que ahí no estaba la tan anhelada felicidad.

4.- Vivir en la Prisa:

No es lo mismo vivir cautivos del reloj que gozando los instantes. La Prisa por más que parezca inevitable en el mundo de hoy, es una enfermedad exclusivamente humana que resulta letal física o emocionalmente. Vivir bajo el lema de que “el tiempo es oro”, no es lo mismo que vivir dando crédito a que “el momento es oro”. En la Prisa no disfrutamos, aunque a veces creemos que caminamos más rápido hacia nuestros logros.

5.- Falta de autoestima:

Todos somos seres valiosos por el simple hecho de ser, pero no podemos evitar crecer escuchando juicios sobre nosotros que nos hacen pensar a veces que valemos menos o incluso que no valemos nada. Los juicios ajenos no los podemos evitar, pero eso no significa que les tengamos que dar crédito siempre. Si los aceptamos como verdaderos nos quedamos sin fuerzas para trabajar en ser mejores y en aprender a bienvivir.

6.- No sabemos amar:

Ni amarnos a nosotros ni amar a los demás. De eso se trata cuando digo que vivimos desde el ego o desde el amor; algunas interpretaciones erróneas y tóxicas de no saber amar son:

  • El amor como apego a las cosas, a los lugares, pero también a las personas. Pensamos que perder a alguien nos deja un vacío irreparable, en vez de dejarnos llenos de lo que sí nos dio mientras estuvo con nosotros.
  • El amor como “la media naranja”.
  • Vivir en la comparación constante frente a los demás.
  • Amor como posesión.
  • Amor como  renuncia.
  • Amor como sacrificio.
  • Amor como admiración, devoción, reconocimiento constante, etc.

Pero no puedo terminar este artículo sin poner el énfasis en la buena noticia.

Y la buena noticia es que siempre se puede cambiar. No hay nada en nuestro pasado que nos impida encontrar el camino del bienvivir. El pasado nos explica pero no nos determina. Somos seres poderosos, se trata de cambiar la mirada, la actitud y encontrar el sendero del bienvivir.

 Albert Einstein, decía que hay dos formas de vivir, como si nada fuera un milagro, o como si todo fuera un milagro. Poniendo la mirada en lo positivo y en la posibilidad; lo positivo de lo que sí tenemos y no estamos viendo, y la posibilidad de encontrar o crear lo que va a seguir siendo positivo en el futuro. Está en nuestra mano decidir si vivimos pidiendo a la vida lo que aún no tenemos, o agradeciendo lo que sí tenemos. Nuestra forma de mirar va a condicionar lo que vemos de la vida y por tanto, como la vivimos. Si ya sentimos que tenemos lo esencial, viviremos en el gozo de disfrutarlo, y no en el anhelo y la ansiedad de buscarlo permanentemente fuera, y quizás lo que es peor, el desconsuelo de no encontrarlo.

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