Por. Natalia Salinas Coach Holística Integradora

Estaba sentada en el regazo de su madre, con sus trenzas doradas y su sonrisa tímida, sus pequeñas alas eran apretadas por los brazos miedosos de aquella mujer que le dio permiso de nacer y le contagió el miedo a volar.

Ella veía otros niños jugar, y su madre entre besos le convencía de quedarse en sus brazos… “Te vas a lastimar si juegas con esos niños” “Son más fuertes que tú” “Eres pequeña” y entre tanto decreto se le replegaron las alitas…

En esa cárcel inconsciente donde primaba la necesidad de proteger para evitar el sufrimiento, con la mayor intención de amor y desconocimiento, se fueron forjando sus miedos a la vida, sus inseguridades e incapacidades.

Hoy, mirando la foto de aquel cumpleaños, se dio cuenta, que ese recuerdo no vino por esa imagen, sino que estaba vivo en su interior, custodiado como un tesoro por una niña de trenzas doradas y sonrisa tímida que ella nunca quiso abrazar y eligió silenciar para no enfrentarse a su dolor.

Tu niñ@ interior es tu parte inocente, aquella que vive en tu subconsciente, cargando con la información que tu infancia absorbió como una esponja. Es el arquetipo de tu esencia primaria en esta vida, es la memoria con la que hoy tu adulto alimenta tu cuerpo de dolor, la percepción de la inocencia que se dejó alimentar por un entorno del que le tocó aprender.

Lo que ignoramos muchas veces es que nuestro niño físico crece y se convierte en el adulto que somos, más nuestro niño interior, se queda en el estado de inocencia, carencia, demanda o incertidumbre con el que le dejaron, esperando que nosotros terminemos su crianza psíquica y emocional. El niño interior aguarda que asumamos una paternidad/maternidad consciente con nosotros mismos y aprendamos a sentirnos completos desde el trabajo con el reconocimiento de esa parte inocente.


Para mantener una salud física, mental y emocional, es importante que escuchemos a esta parte de nosotros mismos, que la cuidemos y limpiemos de sus heridas, que nos hagamos responsables de su sentir y que aceptemos las oportunidades que nos propone para sanar, oportunidades que quizás hasta hoy no hayamos sido conscientes que hemos tenido a través de las relaciones con el mundo.

Nos relacionamos a través de nuestro Niño Interior, y tengamos la edad que tengamos, estará ese niño reclamando todo aquello que sienta que no ha tenido en su tierna infancia o bien que haya estado acostumbrado a recibir, y esto puede ir desde el reconocimiento, cariño, atención, protección, seguridad, etc. De nosotros como adultos depende asumir su sanación y atención a través del reconocimiento de su dolor y posterior perdón de nosotros y de aquellos que nos hicieron daño por acción u omisión.

Conectarte con tu niñ@ es potenciar tu poder, aceptar tu esencia y alinearte con tu propósito. Los padres y madres que cuidan y escuchan su niñ@ interior, favorecen mejores relaciones con sus hijos, ya que no reflejan en ellos situaciones inconclusas de su propio niño, aprenden a diferenciar el rol que ocupan y lo hacen con amor y responsabilidad construyendo una crianza consciente, positiva y respetuosa.

Y de lo anterior se desprende una cuestión muy importante, “el perdón”, ya que, la cadena se va manifestando de manera tal que somos víctimas de víctimas, lo que significa que aquellos que nos hicieron daño, también fueron víctimas de otros, aprendiendo a hacerlo de esa manera distorsionada. Para que la cadena se corte, primero, debemos elegir perdonar a aquellos que desde aquel nivel de consciencia administraron dolor a nuestra vida, y hoy desde una actitud responsable y amorosa hacia nuestro niño, dejar de sufrir, perdonarnos también a nosotros por no haberlo hecho mejor y hoy festejando este nuevo nivel de consciencia, abrazar esa parte inocente, adoptando el rol de Padre y Madre de nuestro niño, dándole desde este rol amoroso e integrativo, aquello que otros desde la ignorancia nos negaron.

Cabe asumir que el mundo está lleno de niños heridos disfrazados de adultos que esperan de otros reconocimiento, atención, y cariño, y esto les esclaviza emocionalmente, consiguiendo que se relacionen desde el apego, la posesión, la necesidad de aprobación, hasta llegar a extremos incluso de maltrato y opresión a otras personas.

Estén esos niños heridos enmascarados en el nivel que estén, siempre será su administrador el Ego, y no la consciencia, y siempre que el niño Interior tenga que ser protegido por el Ego, las consecuencias serán defenderse de otros, sentirse inferior, o por el contrario, atacar, compararse, demandar excesivamente y hasta agredir, o permitir la agresión.

Para salir de ese bucle, tiene que tomar las riendas la consciencia, expresándose en el amor que abraza esa parte inocente y la reconoce para integrarla al adulto.

¿Cómo te darás cuenta que tu niño Interior esta sanando?

Ocurrirá que te verás con otros ojos, con los ojos del alma, habrá un nivel de aprobación interior que se centrará en aquello que deseas mejorar y no en lo negativo, te permitirás divertirte y ser más fluido y enérgico con la vida, dejando de lado la vergüenza y el “Que dirán” para pasar a ser eco de tu verdadera esencia. Demandarás menos atención y cariño de otros y comenzaras a darte tú mismo aquello que te negaste durante tanto tiempo y por resonancia atraerás personas amables y maravillosas que te harán de espejo de aquello que estás viendo en ti. Te enfrentarás a los conflictos con poder y determinación y aprenderás de las oportunidades de la vida. Sentirás que cada día es un lienzo en blanco donde tu niño se expresa con luz y color.


¿Cómo podemos comenzar este hermoso trabajo?

Te propongo un ejercicio sanador, el primer paso con el que invito a mucha gente a cambiar el rol con su niño y a sanar esta relación tan importante. “La Carta a mi niño Interior”

Escríbele una Carta a tu Niña de 12 años si eres mujer y a tu Niño de 13 años si eres un Hombre, cuéntale desde tu presente como te encuentras y lo mucho que has aprendido de las situaciones de la vida, aprovecha para contarle tus logros, sean grandes o pequeños, son hechos que te han supuesto un esfuerzo y son dignos de festejar. Dile lo mucho que le amas y lo dispuesto que estás a escuchar y atender con amor sus carencias. Puedes también pedirle perdón por todo aquello que tu niño soñó hacer y por alguna razón no has concretado, o por el contrario, cuéntale a dónde has llegado con sus sueños. Conversa sobre ti, sobre tus proyectos, compártelos con el/ella y pídele que te inspire, recuerda que de tu niño proviene tu capacidad de crear y motivarte. Dile que ha sido un niño muy fuerte y muy bueno y que le agradeces todo lo que ha tenido que pasar o dejar de hacer para que tú estés aquí.

Una vez tengas expresada tu carta desde una estructura de amor e integración con tu niño, busca un momento del día tranquilo, un lugar sereno y armonioso, haz tu propio espacio especial, y con tu carta en mano, cierra los ojos relájate y respira profundo unas cuantas veces hasta conseguir conectar con una frecuencia relajante, transpórtate en tu mente a aquella habitación donde dormía tu niño en aquella época, entra con sigilo y respeto y deja la carta debajo de su almohada, puedes quedarte un rato en su compañía, abrazarle y acariciarle, decirle si deseas lo que le has escrito y como le amas. Puedes hacerle una promesa de atención y protección, decirle que ya no necesita que otros le protejan, que tú lo harás a partir de ahora.

Luego puedes regresar al presente, tómate un momento de tranquilidad para asimilar todo y agradece la oportunidad que te has brindado.

Con la carta puedes hacer varias cosas, guardarla en un lugar especial, decorarla, hacer un ritual quemándola o tirándola al mar, rio, etc, romperla en pedacitos dejar que el viento la lleve…Tú decides la forma que más conecte contigo y tu niño.

Deseo que tengas una hermosa reconciliación con esa parte interior inocente y llena de amor.

Por. Jorge Crosetti – Co-Fundador y Director de Marketing y Comunicación de PressCoaching.com

 “La forma de empezar es dejar de hablar y empezar a hacerlo”

Walt Disney

En la nota anterior te planteaba la importancia de tener un método como clave del éxito donde digo que es el 80% del éxito de tu negocio! Y te invitaba a que hoy puede ser el primer día de tu nueva vida. La elección es tuya. https://joom.ag/dT3Y/p34

¿Es importante ser productivo? En tu vida y en tu negocio…

Si sigues leyendo considero que entiendes la importancia de mirar tu productividad y la productividad en tu negocio. Es decir, ampliar el concepto de productividad supone que tu socio, asociados, directores, el personal, el equipo de ventas, los proveedores todo sea productivo, todo tu negocio/pyme.

Es la diferencia que se presenta cuando tu negocio llega a su máxima expresión, lo cual supone hacer más con menos, ganar más siendo más productivo y rentable tu negocio. ¿Estás de acuerdo? Si así lo crees, sigue leyendo.

Entonces, la invitación en principio es descubrir qué tan productivo estás siendo con tu negocio y en tu vida. Cuando hablamos de productividad hablamos de manejo del tiempo y bajo la superficie hablamos de hábitos.

¿Cómo es tu relación con los hábitos productivos?

Si bien hay muchísimo material y se habla mucho sobre productividad vamos a dar un marco como aporte de un proceso personal y de nuestros equipos de trabajo.

Entonces, ¿cuál o cuáles son los problemas?

El principal punto es el nivel de involucramiento personal ¿Cuál es compromiso con mejorar tu propio performance? Este primer punto es un desafío personal de cuánto estas abierto y dispuesto a trabajar en tus hábitos y en los de tus colaboradores.

“Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible”.

San Francisco de Asís

Aplicar un método productivo es hablar de automatizar, sistematizar, delegar y escalar conociendo la ley de Parkinson y de Pareto basándonos en tener un proyecto claro y un sentido profundo del para qué hacemos lo que hacemos (claro, que hay más tips a desarrollar y también apps).

Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre. Lord Kelvin

La ley de Parkinson dice: “el trabajo se expande hasta que se termina el tiempo disponible para su culminación”. Es una de las leyes más conocidas y aplicadas en la administración del tiempo. La mayoría de las personas arrastran el hábito de dejar a último momento hacer con presión de tiempo, y como condimento se suma la alta exigencia. El gran secreto es manejar un tiempo (en el cual crees que puedes o debes hacer esa tarea, proyecto o actividad) con un timer, optimizando todos los recursos (evitar interrupciones, tener lo necesario para realizar el trabajo que nos proponemos realizar, generar un clima de concentración y disponibilidad. Disponerse a ser flexible a dar y hacer lo mejor posible soltando la sobre exigencia y la perfección).

Algunas preguntas para que reflexiones:

  • ¿Por qué dar una semana para entregar un proyecto cuando la realización de dicho proyecto puede ejecutarse en una o dos tardes?
  • ¿Por qué dar tres días para hacer un informe que pueden realizar en menos de una hora?
  • ¿Por qué dar tiempo ilimitado para organizar un lugar de trabajo cuando puede realizarse en unas horas?

Observa que en estas tres preguntas hay un altísimo porcentaje de postergación, de demora en la organización y planificación de las acciones para resolver cada tema. Son solo ejemplos que seguramente podrás hacer tu propia lista. ¿Es así? Si te vienen 2 ó 3 temas anótalos para aprovechar la energía que viene a darte luz sobre temas que vienes demorando a resolver.

El Principio de Pareto. El principio establece que el 20% de lo que entra o se invierte es responsable del 80% de los resultados obtenidos. Dicho de otra manera, el 80% de las consecuencias se derivan de 20% de las causas; esto también se conoce como la “regla de Pareto” o la “regla 80/20.”

Algunos ejemplos para comprender y luego aplicar el Principio de Pareto:

El 20% de las consecuencias derivan del 80% de las causas

El 20% de los trabajadores producen el 80% de los resultados

El 20% de los clientes crean el 80% de los ingresos

Y así sucesivamente… Como idea general el principio interpreta que una minoría de causas derivan en la mayoría de los resultados.

¿Esto pasa o está pasando en tu negocio o en tu vida?

Te acerco algunas preguntas para que puedas reflexionar al respecto. Las preguntas son guías, así que revisa cómo puedes aplicarlo a tu caso particular.

A nivel laboral 

  • ¿Qué proyectos son el 20% que se llevan el 80% de tus resultados?
  • ¿Qué 20% de clientes general el 80% de los ingresos?
  • ¿Cuál es el 20% de las tareas que vas a hacer hoy que genera el 80% de beneficios?

A nivel Personal

  • 20/80 con tus amigos más valiosos, con los que más vale la pena pasar tiempo
  • 20/80 en tu familia, las personas que mejor te hacen.
  • 20/80 con tu pareja e hijos. ¿Qué cosas son las más importantes para ellos que tienes que tener presente?

Otra aplicación del principio de Pareto es la regla de 96 minutos, que sostiene que los trabajadores intelectuales deben dedicarse a sus tareas más importantes durante ese período de tiempo cada día para mejorar la productividad.

Puedes bajar este concepto a los 2 ó 3 temas que más te estén preocupando u ocupando en este momento y para rápidamente tomar acción ¿Cuál es el 20% de tus elecciones que hacen el 80% de tu negocio?

Si te sentís como una persona apurada, estresada y que siempre tiene cosas urgentes y estás sobrepasada, da la bienvenida a Pareto.

Si estás motivado a tomar acción y ajustar, modificar, cambiar o más aún transformar (modificar la forma en que haces lo que haces) te comparto un recurso más para ir haciendo un seguimiento que es To Do List.

Está claro que es una nota con ideas disparadores y con la búsqueda de que te repienses y pienses que funciona y que no en tu negocio, no es un curso de productividad.

To Do List. ¿Cómo manejes tu tiempo? Hacer un manejo eficiente es todo un tema que nos desafía cada día y cada instante. Hay muchísimos distractores y un punto central es estar enfocado. La lista de tareas puede transformarse en tu amiga o tu enemiga.

Haz una lista de cosas que tengas para hacer, de esa lista revisa cuantas puedes delegar, cuantas actividades que hoy haces pertenecen al 20% que hacen el 80% del resultado. Ordena, prioriza, ve qué puedes delegar, qué puedes automatizar; pagos de servicios, o una persona que ordene y limpie tu casa, etc.

Puedes hacer listas de actividades que sean funcionales a vos y no a la inversa. Ten diferentes listas por temas interés, escribe todo lo que quieres hacer, ordenarlo, qué es primero o más importante, utiliza las distinciones que compartimos y ponte en acción. Un punto para mi hacer cotidiano y lo comparto con vos amigo lector es que hagas una evaluación diaria sobre que lograste o hiciste este día.

Yo aprendí a usar un semáforo. El rojo es para lo no hecho o concretado, el amarillo es para lo que está en tránsito o solo puede hacer una parte, por ejemplo hice el llamado y no encontré a la persona o tengo que volver a llamar y el verde es para aquello que logre y esta completado.

Claro que es un desafío, si puedo, vos también, a practicar y entrar en un proceso virtuoso. Otras herramientas para que puedas investigar son Kanban, Método Kaizen, Pomodoro, Capacitaciones de mejora por área de interés y necesidad propia o del equipo.

Como invitación final es que busques aplicar día a día el 1% de mejora en tu negocio y podrás ver en muy poco tiempo un verdadero proceso de transformación.

Como cierre en una próxima nota estaremos compartiendo con vos, amigo lector el método que utilizamos en nuestros negocios.

Bibliografía Recomendada

  • “La jornada laboral de 4 horas”, de Tim Ferris
  • “Padre Rico, Padre Pobre” de Kiyosaki
  • “Secretos de La Mente Millonaria”, Harv Eker

Por. Rafael Calbet – Psicólogo & Coach con 36 años de experiencia en formación y desarrollo para la transformación.

Hace unos días ha terminado, como cada año, el Foro de Davos. Donde se reúnen, en esta localidad suiza, las 3,000 personalidades supuestamente más influyentes en los ámbitos políticos y económicos del globo.

Una de las conclusiones más relevantes de este año no ha dejado de sorprenderme, en este caso, muy gratamente. El Foro de Davos ha recomendado caminar nada menos que, hacia –una tecnología más humana– ¡Por fin!

Llevo tiempo escribiendo y hablando en mis conferencias sobre los peligros y efectos colaterales de esta vertiginosa carrera tecnológica, sin negarle por ello, todos los avances científicos que va consiguiendo.

La tecnología nos prometía una vida más cómoda, en tanto que, las máquinas iban a hacer gran parte de las tareas antes realizadas por el hombre. Pero la realidad está muy lejos de esa promesa, al menos al día de hoy. Cuanto más son los avances en este campo, mayores son las exigencias en el ámbito humano para mantenerse al día de tales avances.

Una persona como yo, un baby boomer no demasiado adicto a lo tecnológico, es cada día un poco más analfabeto tecnológico porque los avances van más rápidos que su capacidad de actualización. Afortunadamente no es tan dramático en el caso de los Millenialls y las nuevas generaciones que ya han nacido dentro de esta etapa de revolución tecnológica e informativa.

Pero en ambos casos, y de forma aún muy inconsciente para muchos, los efectos colaterales nocivos, los estamos sufriendo todos. La humanidad no vive mejor hoy que en los años sesenta, en términos de satisfacción y bienvivir. Las estadísticas de suicidios y de depresión lo demuestran de forma fehaciente. Se han multiplicado por miles en todos los países con un aceptable nivel de desarrollo tecnológico, y de forma alarmante en los más desarrollados; Suecia y Japón a la cabeza.

El efecto más notorio es un fenómeno que he llamado la “Prisa endémica”. Una enfermedad exclusivamente humana que parece inevitable si queremos estar al día de los avances cotidianos del mundo tecnológico. En su versión más extrema causa la muerte. El infarto de miocardio es hoy la principal causa de muerte en hombres y mujeres en todo el mundo. Hoy que alardeamos precisamente de unas esperanzas de vida en el mundo desarrollado de más de 80 años, se muere la gente a los 40, porque su organismo no aguanta el ritmo de esta vida cotidiana.

Sus efectos son más sutiles, aunque no menos nocivos cuando no mata físicamente; tiene efectivamente, incidencias peligrosas en lo humano a nivel individuo, a nivel social y a noivel global.

            I.-  Efectos en la persona

El “bienvivir” tiene que ver con la capacidad de vivir la vida en –momentos–, capaces de ser disfrutados, porque vivimos en plena coherencia del “Eje PEA” (Pensamiento, Emoción y Acción); aquí y ahora. Sin embargo, el ritmo exigido por los avances tecnológicos nos hacen vivir a la carrera, de forma que somos incapaces muchas veces de disfrutar los logros, viviendo en la ansiedad permanente por no llegar a lo exigido en cada momento.

En las empresas la carga de trabajo ha aumentado vertiginosamente debido al manejo de tanta información que hoy nos llega de forma cotidiana. En una hora, hoy podemos estar manejando más información que hace 50 años, en un mes. Y hay que digerirla,  hay que distribuirla y hay que ampliarla.

El resultado es que, las jornadas laborales con frecuencia no solo no han disminuido, sino que han aumentado. Y ello agravado, por el hecho de que hoy nos podemos llevar el trabajo a casa y seguir trabajando hasta alcanzar jornadas de 10, 12 ó hasta 14 horas, y –sigue sin ser suficiente–.

En consecuencia, los niveles de insatisfacción vital, a  pesar de grandes logros profesionales, es cada día mayor. Lo comprobamos en las cosnultas psicológicas o pero aún, en las estadísticas antes mencionadas.

            II.- Efectos en lo social

Inevitablemente, eso conlleva un deterioro de las relaciones de todo tipo. Las horas/ hombre que pasamos conectados a la máquina le han robado mucho tiempo a las horas que hace años pasábamos relacionándonos con otras personas.

En lo familiar y social tiene un costo en la claridad de los vínculos evidente. Y baste recordar acá, el estudio de Harvard que demuestra que, la felicidad está ligada a la calidad de los vínculos que mantenemos con otros seres humanos.

Somos seres relacionales, y los vínculos se crean conversando y compartiendo emociones, y hoy no hay tiempo para eso. Nuestro vínculo fuerte es con la máquina. No es raro ver a familias enteras un domingo comiendo en un restaurante y cada uno enganchado a su celular, en un silencio pesado que impide cualquier nivel de disfrute. Hemos cedido la conversación con el ser presente, por la conexión a cualquier chat de supuestos amigos donde, ahí sí, le entramos por horas a cualquier tipo de conversación, por más banal que pueda resultar.

En lo laboral, los vínculos son también más débiles, al grado de comunicarse muchas veces a través de la máquina a pesar de estar a pocos metros de distancia. La tensión es más alta debido a la hiperconcentración en lo individual, y por ende, el nivel y la gestión de los conflictos, cuando surgen, es más compleja y difícil de manejar. Decimos premiar el trabajo en equipo, pero atentamos contra todo lo que aparte al trabajador de su supuesta fuente de eficiencia, la máquina.

            III.- Efectos en lo global

Hoy el mundo está mucho más en peligro de extinción que hace 50 años. Y eso a pesar de que, hoy hay mucha más legislación ecológica en los países desarrollados. Pero la destructividad es más rápida y eficiente que los efectos para palarla.

No es ya noticia que un gran apagón tecnológico nos devolvería socialmente a la época de las cavernas, prácticamente. Pero aun así seguimos apostando todo en la casilla de lo tecnológico. Una apuesta de todo o nada.

El mundo tecnológico es muy proactivo respecto de lo técnico propiamente dicho, pero enormemente reactivo respecto de los efectos humanos, relacionales  y ecológicos de dichos avances. Cualquier máquina tiene elementos para protegerla de un supuesto colapso energético, de los inumerables virus, etc., pero nadie ha diseñado mecanismos de protección para el ser humano de tanta dependencia tecnológica.

Por eso es tan relevante la conclusión del Foro de Davos, parece que por fin, le han visto las orejas al lobo. En mis sesiones de coaching he llegado a trabajar reponiendo un imaginario interruptor personal que desconecte a la persona cuando ella sienta que su velocidad empieza a entrar en la categoría de vertiginosa. Puedo asegurar que hasta ahora me ha dado grandes resultados con muchas personas, llegando a ver en sus caras una sonrisa antes desconocida.

Ojalá llegue pronto el día en que las máquinas lleven acoplado también ese interruptor, capaz de parar y decirle a su usuario: “Estimado Rafael, ya has trabajado mucho por hoy, ve a casa y disfruta de tu familia. Ya me encargo yo sola de seguir; mañana tendrás la tarea finalizada en mi disco duro”. No dudo de su gran eficacia. Eso para mí, es una tecnología más humana.

Pues nada, a la espera de ese día, me voy a casa, que ya he trabajado mucho por hoy.

                                                                    

Rafael Calbet – Psicólogo & Coach con 36 años de experiencia en formación y desarrollo para la transformación.

Todos somos seres relacionales, nacidos para vivir en interacción. El estudio de Harvard sobre la felicidad demuestra lo que durante muchos años hemos intuído: las personas felices son las que crean y mantienen vínculos de calidad con otros semejantes. No es cuestión de cantidad, sino de calidad.

La pregunta ahora es, ¿desde dónde nos relacionamos; desde el ego o desde la identidad? Creo que debemos empezar por diferenciar ambos conceptos.

Desde mi mirada (recuerden que siempre hablo desde mi punto de vista), la identidad es fundamental. Tener identidad es saber que soy un ser único e irrepetible, y que mi presencia en el mundo tiene sentido, aunque a veces nos cueste encontrarlo. Es saber y sentirse como un ser en construcción permanente, hacia una versión siempre mejorada de mí mismo.

La identidad se va construyendo desde los vínculos y la autonomía. Vínculos para tener raíces y suficiente autoestima. Es necesario sentirnos merecedores de ser amados por -el ser que somos-, no por lo que hacemos. Tener autonomía para pensar, sentir y hacer según nuestro criterio y nuestra búsqueda. No nacimos para obedecer ciegamente lo impuesto por otros; eso nos convierte en ser sumisos seguidores del pensar de otros. La creatividad y la iniciativa nos impulsa a hacernos nuestras propias preguntas y encontrar nuestros caminos, aunque no siempre sean los que los demás esperan de nosotros. Podríamos considerarlo el ego funcional, necesita sus dosis justas y adecuadas de reconocimiento ajeno, pero sin ser esclavo del mismo.

El otro ego, sin embargo, el disfuncional, solo se alimenta del reconocimiento ajeno y es insaciable. Hace lo que hace para ser adulado, admirado, resaltado sobre los otros; a veces la acción es la misma, pero no la intención. La Identidad, como seres relacionales que somos, buscará la forma sana de ser querido, y siempre va a preferir ser amado que admirado. El ego funciona al revés, busca la admiración muy por encima del amor.

La identidad nos permite vivir desde el amor y para el amor, compartiendo y generando espacios de encuentro;mientras el ego vive de competir, con una necesidad patológica de ganar, sobresalir al precio que sea. Cuando no lo consigue, genera y vive en emociones tóxicas y restrictivas: envidia, frustración, rencor, queja, lamento, enojo, etc.

La identidad es más tranquila, cuando tiene un sueño lucha por él y procura alcanzarlo, pero si no lo logra, sabe aceptar la realidad. Puede estar triste, pero no frustrado ni mucho menos rencoroso porque otros sí lo hayan hecho. Sabe ganar y sabe perder, sabiendo que en toda experiencia hay aprendizaje, y aceptando que aunque muy poderosos, no somos omnipotentes ni infalibles.

Si somos seres relacionales y el ego nos hace vivir desde el yo y para el yo, parece sin duda una forma de vivir que camina en dirección contraria a la felicidad según el ya mencionado estudio de Harvard. ¿Por qué entonces, esa obsesión con alimentar un ego que nos aleja del bienvivir?

Quizás no hemos aprendido o desconocemos que somos seres merecedores de ser amados por el simple hecho de ser, como cualquier otro ser. Eso no quiere decir que siempre necesite que haya alguien que me quiera, sino que, yo sepa que soy merecedor de ello, incluso si ahora no hay nadie que me quiera. La identidad viví tranquila porque no está ansiosamente a la búsqueda sino placenteramente concentrado en el encuentro.

Pero el ego cree que solo vale por lo que hace y por lo que logra. Piensa que haber acumulado mucho dinero es ya una razón para admirarlo, aunque eso no le haga más feliz necesariamente. Pero para cuando se da cuenta de que, solo el dinero no le  ayuda al bienvivir, ya ha perdido mucho tiempo, energía y relaciones.

El ego solo se relaciona con personas que considera de éxito (social), y lo hace porque piensa que puede sacar algún provecho personal. Pero luego entra en depresión, sea porque pierde esas relaciones, o porque toma conciencia de lo débiles que son esos vínculos. El ego no tiene tiempo para el amor a los demás y hacer lo que hace desde la generosidad o el agradecimiento. Lo hace todo desde un interés personal, y los demás terminan percibiéndolo. Busca el brillo y la adulación. Para el ego, la soledad es el síntoma de su fracaso.

La identidad, por el contrario, va creciendo al tiempo que comparte solidariamente y construye desde el amor. Desde ahí puede ser feliz con el éxito ajeno, se puede expresar desde la compasión, la ternura, la alegría y la humildad. No se siente identificada nunca con la palabra fracaso, pues para ella, los errores son solo oportunidades de aprendizaje y guía que nos ayudan a ver el camino correcto. Vive construyendo sólidos vínculos y acercándose a eso que llamamos -la sabiduría del bienvivir-. Para la identidad, la soledad son los momentos para descansar, meditar, reflexionar y conectarse consigo mismo, en pensamiento, emoción y acción.

Parémonos pues a reflexionar un momento, en qué dirección vemos hoy que está nuestra felicidad y en qué sentido estamos caminando nosotros por la vida. Y si tenemos dudas, observemos si cuando estamos alegres, lo estamos solo por el éxito y el logro personal, o somos capaces de disfrutar y compartir el éxito ajeno también.

Yo tardé años en comprender la diferencia, ojalá tú querido lector, te des cuenta mucho antes y camines en dirección y sentido hacia la felicidad y el bienvivir cada día de tu vida. Nuestra recién estrenada Academia del Bienvivir está al servicio de quien puede necesitar ayuda de ese sentido.

                

Por. Ale Zenteno – Diseñadora web especializada en Squarespace.

Seas autónomo con una marca personal o manejes una agencia que ofrezca servicios profesionales, contar con un sitio web <es una obligación>. Digamos que es la tarjeta de presentación de hoy en día. Por lo que me atrevo a comenzar este artículo con un “bonus”: el mayor error es no contar con un sitio web.

Para mí, mi sitio web es como una “base de operaciones online”, el espacio en donde convergen y cobran sentido todas mis estrategias de branding y marketing. Ahora, no se trata de tenerlo por tenerlo nada más para cumplir con el requisito. Se trata de crear una herramienta de negocio que trabaje para ti, 24/7 los 365 días del año.

Desgraciadamente veo muchos sitios web a diario que no cumplen con los mínimos necesarios para convertirse en esta fuerza generadora de prospectos. Es por eso que hoy te comparto 9 grandes errores en tu sitio web que pueden estar costándote dinero, pues te impiden alcanzar tus objetivos de negocio:

  1. Falta de claridad. 

Tienes entre 3 y 5 segundos para enganchar a tus visitantes. Si a alguien le toma más tiempo decifrar de qué se trata lo que ofreces en tu sitio, es altamente probable que cierre tu pestaña en su navegador para nunca jamás volver.

Hay varios factores que pueden contribuir a que tus visitantes se sientan confundidos o abrumados al llegar a tu web, algunos de los más comunes son:

  • Carecer de una propuesta de valor que de alguna forma transmita qué haces, para quién y cómo. Esta propuesta de valor deberá estar condensada en un pequeño párrafo y ser lo primero que vean tus visitantes en la cabecera principal de tu página de inicio.
  • Un menú de navegación con muchas pestañas o pestañas muy “creativas”. Que tu menú de navegación tenga demasiados elementos y/o que cada elemento despliegue una serie de opciones, puede abrumar a tu visitante, pues le complica la tarea de encontrar lo que está buscando. Lo mismo sucede si los nombres que asignas a cada pestaña no se entienden, por ejemplo, si el botón que lleva a tu blog aparece como “píldoras de sabiduría”; los usuarios no se tomarán la molestia de adivinar de qué se tratan tus títulos, es mejor reservar la creatividad para otros espacios. Nombra cada pestaña con títulos estándar y brinda un máximo de 6 opciones en la navegación principal, lo que no tenga lugar ahí puede ligarse en el pie de página y en otros botones a lo largo de las páginas de tu web.

2. Demasiadas llamadas a la acción por página.

Cada página dentro de tu sitio web debería llamar a tomar una sola acción principal. Por ejemplo:

  • Tu página sobre mí, puede llamar a contactarte.
  • La página de servicios, pueden persuadir a que los interesados agenden una consulta gratuita.
  • Un blog post invitará a que se suscriban a tu boletín.

Es totalmente aceptable tener más botones por página o una barra lateral con diversas llamadas a la acción, sin embargo, el enfoque de tu estrategia debe concentrarse en que el visitante realice esa acción principal para que ésta no pierda su efectividad.

Únicamente, el inicio, podría plantear más de una llamada a la acción y, aun en esta página, sugiero tener 3 como máximo; que podrían ser: conocer tu servicio o producto estrella, saber más sobre ti y visitar el blog.

3. Hacer llamadas a la acción que no generan negocio.

Actualmente, con la competencia virtual que existe, es complejo lograr que tus posibles clientes aterricen en tu sitio web. Será un desperdicio de marketing, entonces, que una llamada a la acción principal consista, por ejemplo, en que te sigan en redes sociales pues volverás a mandarlos a la meca de la distracción donde estás compitiendo con un montón de otras marcas.

Si por fin has logrado que lleguen a tu web, asegúrate de que valga la pena y ofrece tus servicios o productos como foco principal y/o asegúrate de que se suscriban a tu lista de contactos.

4. Inconsistencia visual.

Quizá no has pasado por un proceso de creación y desarrollo de tu marca, sin embargo, es importante crear una congruencia entre los elementos visuales de la web. Esto genera confianza en tus visitantes pues transmite la idea de una marca más establecida.

Puedes lograr la armonía entre tus elementos visuales determinando una paleta de 3 a 5 colores, limitando el uso de tus tipografías de 2 a 3 y definiendo un estilo fotográfico (aunque se trate de fotos de stock).  

5. Creer que el tráfico a tu web llegará por sí solo.

Desgraciadamente, contar con un sitio web no te llenará de visitas por arte de magia. Toma bastante dedicación y paciencia generar tráfico hacia tu web. Por un lado existen varias cuestiones técnicas en el “tras bambalinas” de tu web, como son todas las descripciones que puedes agregar a tus páginas, artículos e imágenes. También si tu web es segura y mobile responsive.

Por el otro lado, está tu estrategia de contenidos. Sin un calendario editorial que te mantenga generando nuevas publicaciones de calidad y con regularidad, tu web facilmente se perderá en el inmenso océano llamado internet.

6. No tener un blog. 

Este punto nace directamente del anterior. El blog es ese elemento viviente de tu web que generará la mayor parte de tu tráfico. Y con blog me refiero a cualquier formato de publicación con el que regularmente puedas publicar contenidos de calidad para la audiencia que deseas atraer. Es decir que aquí entra el blog de texto, el podcast y el video blog o vlog.

Publicar contenidos de manera habitual en tu web tiene muchas ventajas: te permite posicionarte como referente en tu tema, ayuda al posicionamiento de tu sitio web en los motores de búsqueda y la ventaja principal, al menos desde mi punto de vista, te permite crear una comunidad en torno a tu marca. Esa audiencia verdaderamente enganchada con tus contenidos se volverá muy leal, te ayudará a difundir tu mensaje y estará mucho más ávida de consumir tus servicios o productos.

7. No contar con un formato de suscripción.

Una de las tareas principales de tu sitio web es ayudarte a generar nuevos suscriptores a tu lista para, posteriormente, implementar estrategias de email marketing, embudos de venta y apoyar tus campañas de publicidad, en FB Ads, por ejemplo. 

Ahora, de repente hay confusión entre lo que es un formato de suscripción y uno de contacto, y son muy distintos. El formato de contacto te enviará los mensajes directamente a tu bandeja de entrada. El formato de suscripción aloja la información en una base de datos soportada por algún proveedor como ConvertKit, Maichimp o Infusion Soft.

8. Una página “sobre mí” que sólo habla de ti.

Dedicarte a la tarea de redactar textos verdaderamente persuasivos para cada página de tu web (copywriting) es vital para lograr tus objetivos de negocio. La página “about” o “sobre mí” no es la excepción. Esta es una de las páginas más visitadas de tu sitio, por lo que es de suma importancia que esté confeccionada para conectar con tu audiencia.

Si todo lo que compartes en ella nace desde el “Yo” o desde el “La Compañía” sin tomar a tu cliente ideal como punto de partida, dificilmente lograrás el efecto de confianza y empatía necesario. Asegúrate de que todas las historias, formaciones y datos que compartes sobre ti sean honestos, generosos y lo más importante, relevantes para tu cliente ideal y la propuesta de valor que le estás haciendo.

9. Un diseño que no se adapte a diversos dispositivos.

Mencioné rápidamente en el punto 5 que tu sitio web debe ser mobile responsive. Esto quiere decir que debe verse igual de chulo y cargar igual de rápido desde una computadora de escritorio, una tablet o un smarth phone. El grueso de tus visitas se hará desde un teléfono móvil y, además, Google penaliza aquellos sitios web que no se adaptan bien a cualquier tipo de dispositivo.

Ahí lo tienes, como ves, pese a que existen diversas plataformas que te permiten construir un sitio web con facilidad y rapidez, hacerlo bien sigue siendo una ciencia que definitivamente tiene su arte.